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Parásitos intestinales, qué son y cuáles son los más frecuentes

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Parásitos

Parásitos vistos con microscópio

Los parásitos intestinales son microorganismos que se alojan en el aparato digestivo o intestinal de los humanos, utilizándolo para su alimentación. Un importante porcentaje de la población los ha sufrido alguna vez en su vida, pero afectan principalmente a los niños, de entre cinco a diez años. Estos parásitos son tan frecuentes como inofensivos y su tratamiento es sencillo e inocuo. Entre todos los que existen el más común es la ascaris, más conocida como lombriz, aunque padecerlo no supone ninguna complicación para el ser humano, y las más conocidas las amebas o el que produce la tenia y la solitaria, por la ingesta de carne de cerdo mal cocida.

Su presencia en el organismo humano está relacionada con la falta de higiene, tanto personal como por la manipulación de alimentos, y por las condiciones del lugar donde se consumen. Entre las causas más comúnes de contagio se encuentran, la ingesta de alimentos o agua infectados con parásitos y huevos, no lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño, caminar descalzo, comer tierra, como es el caso de los niños, o por contagio directo con otra persona que tenga parásitos.

Prevención

Derivado de las principales causas de contagio, se pueden tomar una serie de medidas preventivas para evitar la aparición de este tipo de parásitos.

En cuanto al consumo de alimentos, es vital no consumir agua ni alimentos que esten contaminados y evitar consumir aquellos que se preparen al aire libre. Otra medida preventiva es hervir el agua antes de ingerirla u optar por agua embotellada. Asimismo, se deben lavar y desinfectar las frutas y las verduras antes de su consumo y cocer y freír bien los alimentos, sobre todo, la carne de cerdo. Además, es preferible preparar los alimentos en superficies limpias y lavarse las manos antes de comer y preparar los alimentos, sobre todo, después de ir al baño y cambiar los pañales a los bebés. Una parte importante es evitar que personas infectadas preparen o sirvan los alimentos.

Otras precauciones a tener en cuenta, en otros ámbitos de la vida diaria, son no caminar descalzos, vigilar que los niños no coman tierra, lavar la ropa de cama e interior con agua caliente y mantener el sanitario limpio y desinfectado.

anatomía del aparato digestivo

Imagen del aparato digestivo

Parásitos más frecuentes

Existen muchos parásitos causantes de las afecciones intestinales en el ser humano, pero se pueden agrupar en dos grandes grupos.

Parásitos protozoarios o microscópicos

Este tipo de parásitos, también llamados protozoos, son organismos microscópicos y unicelulares que viven en ambientes húmedos o en medios acuáticos, ya sean en aguas dulces o saladas. Pueden tener un tamaño de hasta un milímetro y pueden ser fácilmente vistos a través de un microscopio.

Dentro de este grupo podemos encontrar diferentes parásitos que causan algunas de las enfermedades intestinales más comúnes. Uno de estos parásitos son las amebas, que se transmiten mediante el consumo de agua y alimentos contaminados. En su fase activa viven en el intestino grueso y tienen la capacidad de invadir y lesionar capas internas de la mucosa intestinal, produciendo úlceras o perforación. Al estar provistas de poderosas enzimas, pueden abrirse paso entre los tejidos y llegar a otros órganos, como el hígado, el pulmón y el cerebro. Los síntomas más comúnes de la enfermedad son la debilidad, el dolor de cabeza, cólicos abdominales y diarrea con moco y sangre.

Otro parásito es la giardia lamblia, que causa la lambliasis, un parásito microscópico que vive en el intestino delgado y es una causa frecuente de diarrea, especialmente en los niños. Se contagia mediante el consumo de alimentos o agua contaminada. Está infección puede pasar desapercibida y sólo causar trastornos intestinales temporales. Sin embargo, se puede presentar de forma aguda y causar vómitos, flatulencia y disfección abdominal. Además, cuando es muy grave puede inteferir en el crecimiento de los niños, debido a que genera deficiente absorción de nutrientes.

Y por último, dentro de este grupo de parásitos se encuentra el criptosporidium, que causa la diarrea en todos los grupos de individuos a nivel mundial, aunque con mayor impacto en las personas con sistemas inmunes debilitados, entre ellos, los enfermos de sida o receptores de trasplantes. Esta infección puede llevar al desgaste grave y la desnutrición. Su contagio se produce por el consumo de alimentos contaminados y las poblaciones de mayor riesgo son los niños, los cuidadores de animales, los que están en contacto con individuos infectados y aquellos que mantienen relaciones con otros hombres.

Metazoarios o gusanos

Este grupo de parásitos abarcan todos los gusanos, que se encuentran en  medios acuáticos o en medios terrestres húmedos. Tienen un tamaño de hasta un metro, aunque puede variar.

Dentro de este grupo se encuentra un parásito conocido como anquilostoma, que se nutre de la sangre del húesped infectado, adhiriéndose a las paredes del intestino. Se encuentran en los suelos húmedos y entra en contacto con el organismo, generalmente, por la piel de los pies descalzos. Después, se dirige por la sangre hacia el tracto digestivo, donde se desarrolla y multiplica. Se manifiesta mediante diarrea, palidez, anemia y tos seca. En los niños produce retraso de crecimiento y en muy raras ocasiones llega a producir la muerte.

En este grupo, también se encuentran la ascaris, uno de los parásitos más frecuentes en los hombres y que afecta de forma permanente a un 20% de la población. Son lombrices grandes y redondas, de color blanco o rosado, visibles en los excrementos y que habitan en el intestino delgado y se alimentan de la comida semidigerida del hombre. El fuerte dolor abdominal, las evacuaciones líquidas, la debilidad o la inflamación de estómago son algunos de sus síntomas.

Los oxiuros son otro tipo de parásitos metazoarios, más frecuentes en los niños. Se transmiten de forma directa de persona enferma a persona sana. Ocasionan dolor abdominal, insomnio, mal humor, innapetencia, irritación, anemia y, en los niños, detención de crecimiento.

El tricocéfalo es otro de los gusanos que se enmarca en este grupo de parásitos. Vive en el intestino grueso y mide de 3 a 5 centímetros. Uno de sus extremos se clava en la mucosa del intestino, destruyéndola, lo que causa dolor y numerosas evacuaciones acompañadas de sangre. Al final, de tantas desposiciones acaba saliendo por el recto, a través de la región anal.

Y por último, la conocida popularmente como tenia o solitaria, provocada por una lombriz plana que se adhiere al intestino delgado por ventosas ubicadas en su cabeza. Puede vivir hasta los 25 años y a los dos meses de haber infectado el intestino se desarrolla y libera 300 mil huevecillos diarios. En su estado de larva es posible que se dirija hacia el cerebro, afección denominada neurocisticercosis, que puede causar la muerte. Se transmite mediante el consumo de carne de vacuna o cerdo contaminada y que no han sido sometidas a suficiente cocción. Los síntomas de la enfermedad son la diarrea, la palidez, la debilidad y la falta de apetito.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la enfermedad se basa en la observación de los síntomas antes citados. Además, el médico puede mandar analizar muestras de excrementos para identificar el tipo de parásito causante de la afección.

Para tratar la enfermedad se usan diferentes medicamentos y algunos remedios caseros, como la ingesta de infusiones de hierbas. Asimismo, para la rápida recuperación es conveniente llevar un dieta blanda, apoyada en multivitamínicos y complementos alimenticios. En el caso de que se trate de una infección mixta, es decir, bacteriana y parasitaria, se requerirá un tratamiento conjunto antiparasitario y antibiótico.

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